Estamos de paseo por Roma y nos adentramos en el Vicolo del Divino Amore hasta llegar al número 19. Puedes llegar con este enlace
https://maps.app.goo.gl/jASvYBYZYh4BNNwN9
Esta casa está situada en el Rione IV conocido como Campo Marzio o Campo de Marte para los antiguos romanos. Allí cuenta la tradición que existía un altar dedicado al dios de la guerra Marte del que se tiene constancia desde Numa Pompilio, sucesor como rey de Rómulo. Una vez que sabes que la zona es de lo más antiguo de Roma te adentras en el vicolo o callejón que diríamos en castellano hasta el número 19. Allí, una placa en la fachada nos recuerda que “ en esta casa vivió sus últimos días entre 1604 y 1605 en Roma el pintor Michelangelo Merisi da Caravaggio”
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Placa en el primer piso. Foto de Daniele Pedroni
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Pero vamos un poco antes en el tiempo para entender mejor las cosas.
La Roma del XVII es una ciudad bulliciosa bajo el poder papal donde los artistas se muestran y pavonean con la esperanza que un cardenal o una familia noble en su competencia de contar con los mejores talentos para decorar sus palazzos o sus capillas, repare en ellos. Caravaggio era uno más de esos artistas que, con pincel en una mano y un cuchillo o a veces espada en la otra, navega entre la clase baja mientras se codea con las élites.
No fue la única vivienda que ocupó Michelangelo. Durante su vida romana sabemos que moró en el Palazzo Madama cuando era el protegido del cardenal del Monte, en la Via della Madalena, la prisión de Tor di Nona y la casa que nos ocupa.
Aquí gozó de la buena mesa en la Campana, que pasa por ser el restaurante más antiguo de Roma al que se llega desde la casa a unos escasos tres minutos caminando. Si quieres comer en una zona libre de turistas y con el encanto de comer donde lo hacía el célebre pintor, encamínate al Vicolo della Campana número 8 o lo buscas aquí
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| El agujero abierto por Caravaggio. Foto deNord Salentino |
De todos es sabido que Caravaggio era un hombre dado a todo tipo de excesos y quizás la osteria más popular sea la del Moro donde protagonizó el incidente de las alcachofas. Era un abril de 1604 cuando en la Osteria del Moro, al lado de Piazza navona pidió ocho alcachofas: mitad cocinadas en aceite, mitad en mantequilla. Cuando el camarero llegó, a la pregunta de cuales eran unas y otras, este le respondió que si quería las oliese por si mismo lo que provocó que nuestro pintor le arrojase la fuente a la cara y blandiendo una espada hubiese querido trinchar al pobre (y deslenguado) camarero.
En esta casa que ahora vemos, Caravaggio tuvo problemas con su casera. Prudenzia Bruni (que hasta donde sabemos no tiene nada que ver con nuestra contemporánea Carla) harta de los impagos cerró la puerta de acceso a su casa y taller, con todas sus herramientas dentro. El pintor la emprendió a pedradas contra los ventanales. Llegada la noche montó una serenata repleta de canticos soeces y, cuentan, que en la música no era tan hábil como con la pintura.
Prudenzia lo demandó por impago, por acoso y por abrir un agujero en la fachada, ese mismo agujero que ahora vemos.
¿Fue un capricho el romper la fachada? En absoluto. Para su técnica necesitaba de un tipo de luz y proyectada de una forma muy determinada. Para él, el uso de la luz era un recurso dramático en eso que se dio en llamar tenebrismo e hizo del genio una figura decisiva para lo que vendría a ser el barroco pictórico. Aquí pintaría la muerte de la Virgen, la coronación de espinas y hasta diez obras maestras. La muerte de la Virgen fue, posiblemente su cuadro más controvertido. Unos dijeron que había tomado a una prostituta como modelo. Otros que era una mujer ahogada en el Tíber.
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| Morte Della Vergine, Caravaggio . Foto wikipedia |
De todo aquello y de como se inventó el tenebrismo nos queda hoy una fachada, con un agujero hecho por un pintor para que entrase la luz de una forma determinada.
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