Hoy me gustaría hablaros de la fuente por excelencia. Si claro, la Fontana di Trevi como habéis supuesto. Imagino que la habéis visto en miles de fotos, documentales, películas….incluso leído un montón de artículos sobre la misma. ¿Y yo que os voy a contar que no sepáis? Avanti, vamos con ello.
Lo primero que a mucha gente le llama la atención es que la Fontana es la pared lateral de un palazzo: el Palazzo Poli. Este palacio fue construido en el último cuarto del siglo XVI sobre uno que ya existía previamente. En 1732 con el florentino Clemente XII en el solio pontificio y su fiebre constructora, se realiza un concurso de proyectos para colocar una fuente en el punto de término del acueducto Vergine, (que sigue siendo el único acueducto romano original que ha llegado a nuestros días). El Papa Corsini eligió el proyecto de Salvi que, curiosamente, no fue el ganador pero cuando habla el Papa ya se sabe. A Clemente le debemos algunas cosas invaluables: la fachada de la basílica de Letrán, la restauración del arco de Constantino gracias a la cual ha llegado a nuestros días; el empedrado de las calles de Roma y los Museos Capitolinos que son el primer museo público de toda la historia.
| Escudo de Clemente XII en Letrán |
| El "as de copas" |
Aburrido ya del barbero, Salvi decidió que se iban a acabar las críticas y ordenó que se tallara en el travertino esa vasija, impidiendo la visión de la fuente. Y ahí sigue, en la esa recoleta piazza el único punto ciego.
Y porqué os decía que recordarais el nombre de la calle. Pues en esta calle hay un pequeño museo de entrada libre: L’Istituto Nazionale per la Grafica.
Subiendo por la calle es la primera puerta que os vais a encontrar a mano izquierda. En el segundo piso hay una exposición de cierto interés sobre grabados y alguna temporales pero lo mejor es que si camináis hacia el fondo de la sala hay unas ventanas que, ¿sabéis a donde dan? Pues si, son las ventanas que veis alrededor de la Fontana.
| El Palazzo Poli y sus ventanas |
Las del primer piso alojan un espectáculo de opera que podéis, previo pago de su importe, ver y disfrutar. Estáis en los salones Dante del palacio, llamados así porque Franz Liszt estrenó aquí esa obra. Desde entonces muchos músicos han frecuentado estos salones entre ellos Gabriele D'Annunzio y Giacomo Puccini.
Así que, si queréis ver la (posiblemente) fuente más famosa del mundo desde otra perspectiva, no dejéis de asomaros a alguna ventana y quizás algún amigo os inmortalice desde fuera, bien a ras de suelo, bien desde el primer piso de la tienda Benetton que te ofrece una foto limpia de turistas. Y si no sois capaces de entrar porque no os ha coincidido el horario, consolaos pensando que ni Clemente ni Salvi vieron la obra terminada.
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